Dicen que las historias hay que empezarlas por el principio, pero en ese caso todas comenzarían con un nacimiento, o incluso los más osados, con una fecundación. Suerte para vostros que no soy fan de lo primero ni sé cómo se produjo lo segundo, por lo que comienzo la historia por donde debe hacerlo: el día que comencé en el que iba a ser mi nuevo, y último, instituto.
En aquel momento tenía quince años, pero apenas un mes después era mi cumpleaños, así que a todo el que me preguntaba, en vez de decirle mi edad real, decía eso, “apunto de dieciseis”. De todas formas, no los aparentaba, es decir, podía haber dicho que tenía trece, y nadie se hubiera extrañado hasta que me hubieran visto entrar en la clase de primero de Bachiller. El cambio de colegio se debió a que le dieron un trabajo a mi padre en la otra parte de la ciudad (yo siempre he sido de la zona norte y ahora íbamos a vivir en el sur), y que además, le ponían una nueva casa, por lo que a mi madre no le hacía demasiada gracia que me cruzara cada día la ciudad en metro.
Antes de continuar, tengo que decir que siempre he sido un poco raro. Llevaba el pelo largo y vestía de negro (y no, no era ni soy gótico, es sólo que no me gustaban los demás colores), por lo que no era demasiado popular entre la mayoría de la gente de mi antiguo instituto, y tampoco pensaba serlo en este. Y acerté. Nada más llegar a la puerta lo primero que vi fue a un grupito de… ¿cómo definirlos? Bueno, ese tipo de gente a lo que sabes que no debes acercarte si no quieres acabar con bastantes problemas. Me vieron venir desde lejos (el colegio está en medio de una cuesta bastante pronunciada, y yo llegaba desde la parte más baja) y creo que tuve bastante suerte de llevar los cascos puestos, porque así me ahorré el oir todo lo que me llamaron. Nada nuevo, en realidad, pero creo que igual de molesto que siempre. Aún así, tuve bastante suerte, y mientras buscaba la que iba a ser mi clase durante el resto del curso (ya sé que no lo he dicho todavía, pero el cambio lo hice a mediados de noviembre, es decir cuando el curso llevaba más de un mes) me encontré con un reducido grupo, una pareja en realidad, de gente con la que podría acabar llevándome bien. Eran dos chicos, vestidos de forma bastante parecida a la mía y que todo lo que hicieron cuando pasé a su lado fue decirme “hola”. Pintaba bien.
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Etiquetas: Cuentos, Down By The River, Literatura
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