Cuento (23)

Despertó en medio de la noche. Estaba empapado por el sudor. Fue a la cocina, bebió un poco de agua y se encendió un cigarro. Sentado en su butaca del salón, encendió la televisión y se puso a ver un concurso de acertar la suma de los numeros de la pantalla. Tenía insomnio.

A las 5:23 de la mañana seguía viendo la televisión. Había acertado la suma, pero no quiso llamar, porque esa noche no estaba la presentadora que le gustaba. En su cama tampoco estaba la chica que él quería. Había alguien, sí, pero no quien hubiera deseado que estuviera. Sabía que debía volver a la cama antes de que su “compañera” despertara, o aquello se convertiría en una mañana llena de gritos e insultos, y no estaba con las fuerzas necesarias para aguantar aquello. Al acabar el quinto cigarro, salió un segundo a la terraza; le gustaba contar las luces de las casas de los vecinos. A pesar de ser bastante tarde, aún había siete luces encendidas, y se preguntaó si sería porque aún no se habían acostado, o porque debían de ir a trabajar realmente pronto. “No, seguro que están todos igual que yo, con insomnio. Seguro que alguno ha llamado al programa”.

Con bastante pesadez, regresó a la cama. Antes siquiera de sentarse en ella, miro a aquella chica. Llevaban tiempo acostándose, pero nunca había sabido realmente si sentía algo por ella, ya que ni siquiera disfrutaba con el sexo. Sí, tenía orgasmos y se los provocaba a ella, pero no era suficiente para su placer personal. No buscaba sólo el penetrarla, o el tener sexo oral, quería algo más que sexo como sexo. Claro, que ello no impedía que siguiera acostándose con una chica que estaba loca por él. No creía que hiciera ningún mal a nadie. A ella le daba lo que quería, y a él, lo que es daño, no le hacía.

Cuando al fin se acostó, lo hizo de espaldas a la chica. Total, estaba dormida, ¿cómo se iba a enterar de que él estaba llorando?

~ por Dan Lorba en Septiembre 3, 2009.

Una respuesta to “Cuento (23)”

  1. Es que es perfecto la forma en la que está escrito. No hay una frase que hubieras podido decir de forma más precisa. Ni falta ni sobra nada. Mola.
    Al margen de que el tipo parezca duro hasta el final del relato y después me decepcione con esas lagrimillas, te ha quedado un texto cojonudo.
    Y, por cierto, me gusta mucho ese “interiorismo” que sacas en los Cuentos.

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