Cuento (37)

Me desperté cuando llamaron al timbre. Lógicamente fui directo a abrir. No puede contarles bien, pero calculo que allí delante, en aquel descansillo de mierda, podía haber unos treinta periodistas, entres cámaras, fotógrafos y tíos con micrófonos. No puede contar, prosigo, porque en el mismo momento en que la puerta comenzó a abrirse los flashes delas cámaras de fotos me dejaron ciego. Literalmente.
Durante el juicio posterior a mi denuncia, el juez preguntó a todos y cada uno de los periodistas que había allí el por qué llamaron a mi casa y se pusieron a hacer aquella cantidad de fotografías a sabiendas de que yo no era una persona famosa. “Nos confundimos con la letra del piso”, contestaron todos.
Ahora soy rico. Y famoso. El famoso al que iban buscando ahora es ciego. Y ya no es famoso.

~ por Dan Lorba en 23 agosto, 2011.

Una respuesta to “Cuento (37)”

  1. Jo jo jo jo. Éste es buenísimo. Pero buenísimo ehh. Si señor.

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