La Brújula (1)

IVÁN

Al entrar por la puerta se dio cuenta que no había sido una buena idea. El sitio estaba abarrotado, y no había cosa que odiara más que las grandes aglomeraciones, la música era un asco y ni siquiera la camarera estaba buena. Aún así trató de poner buena cara. Pero Laura siempre se daba cuenta de cuándo estaba incómodo, al contrario que el resto de la gente.
-¿Qué coño te pasa? No llevamos ni diez minutos dentro y ya estás con cara de asco.
-No pasa nada, joder. Siempre piensas que me pasa algo, y cuando me pasa, lo digo. No tengo ningún problema.
-Vale, vale, perdóname -le dio un pequeño beso mientras hablaba-, es sólo que te veo las cosas esas de la nariz hinchadas, como cuando no te gusta la comida y dices que está buena.
-Pues una vez más, te equivocas. Estoy bien, sólo necesito una copa más, que tengo bastante sed, e intentar bailar un poco. ¿Quieres que te pida algo?
-No, ahora no me apetece demasiado. Voy a dejar el bolso donde están todos y luego al baño, que me llevo meando desde que hemos salido del metro.
-Ok. Pues ahora voy para allá.
La camarera, cómo no, pasó totalmente de él durante un buen rato. Exactamente hasta que decidió meter la mano dentro de la barra y servirse él solo el cubata.

-¡Qué coño estás haciendo!
-Joder, al fin me has visto, ya iba siendo hora. Ponme un Brugal con limón, y que esté bien cargado.
-De acuerdo, pero no se te ocurra volver a meter aquí dentro la mano. Como te vea el encargado, te va a echar a patadas. -Con el ruido de la música chunda-chunda de fondo, es lo que Iván intuyó que le dijo-. Son doce euros. -Por el contrario, eso lo oyó perfectamente.
-¿Cómo? ¿Doce pavos por un puto cubata? Jojo, espero que al menos la botella sea de esas que llevan oro en el fondo, porque si no lo va a pagar su madre.
-Pues ya está servido, así que te toca pagar a la de ya.
-Y si no lo hago, ¿qué?
-Pues que llamaré al encargado para que te eche.
-Ni siquiera he tocado el vaso. -Se giró a hablar con el tío que tenía al lado.- ¿Quieres un cubata? Que la camarera es tan tonta que me ha puesto algo que no he pedido y lo regala.
-Yeeeeeee, gracias colega… -Tenía pinta de llevar de fiesta dos días seguidos: los ojos como platos, el ritmo perenne en el cuerpo y la sonrisa típica del borracho.
Rápidamente, y antes de que cambiara de opinión, el desconocido cogió el Brugal-limón y se bebió la mitad de un solo trago. La camarera miraba alucinada, mientras que Iván se reía viendo la escena, a la vez que iba dando pasos en dirección contraria.
-Me parece que te han engañado. No he regalado nada, y ahora me tienes que pagar esa copa. -La camarera estaba desesperada por cobrar la bebida de una vez por todas.
-Pero qué dices tía. Me la ha regalado el chaval ese, no pienso pagarte una mierda.
-A mí me da igual. Sólo me importa que tú te lo has bebido, y que te toca pagarlo. -Viendo que el chico aquel no tenía demasiada pinta de querer pagar decidió intimidarle un poco.- Mira, mejor llamo al encargado, y le cuentas a él tus problemas.
-Vale, vale, no hace falta que llames a nadie, guapa. -Se había quedado blanco. Llevaba años yendo a ese local y sabía de lo que era capaz el encargado.
Iván, tras disfrutar del conflicto del borracho con la camarera, fue a la búsqueda de su novia y el resto de su grupo. Estaban todos ya instalados en la parte baja del local (bueno, decir baja es una exageración: se trata simplemente de la altura más baja, separa de la alta por tan solo cinco escalones), justo al lado de un pequeño mostrador, donde ya tenían casi todos sus cubatas.
-L, ¿me das un cigarro?
-Cari, no me llames así, que sabes que no me gusta. Toma. – Sacó de su bolso un paquete de Marlboro, al que le quedaban un par de cigarros nada más.- Por cierto, ¿dónde está la copa esa que ibas a pedir?
-No tenían Brugal.
Finalmente, y tras una pequeña sesión de fotos por parte de las amigas de Laura, se pusieron todos a bailar, incluido Iván. El disjockey había tenido, al menos, la decencia de cambiar el estilo de la música: había pasado del chunda-chunda al pachangueo mezclado con clásicos bailables ochenteros. Vamos, que acabó mezclando los 40 principales con Madonna (Like A Virgin) y A-Ha (Take On Me). Y durante un rato todo fue normal: María, la mejor amiga de Laura se dejaba sobar por todo el que se la acercara, tanto conocido como ajeno; Víctor y Mario no dejaban de hacer el gilipollas cerca de un grupo de chicas que según ellos no dejaban de mirarlos; y el resto se divertían bailando y haciendo fotos a todo lo que podían y más. Incluso Laura, que ya iba bastante borracha, empezó a meter mano a Iván, que a pesar de no tener ganas, se dejó llevar.

~ por Dan Lorba en 4 septiembre, 2011.

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