La Brújula (3)

La Brújula (1); La Brújula (2)

CLARA

Al salir del baño junto a Mónica notó que la noche iba a ser muy larga, y no solo porque aquel lugar fuera un sitio que le hubiera gustado en ninguna de sus visitas, sino porque estaba viendo cómo echaban a su novio del “camarote”, o lo que es lo mismo, de la parte más baja del local. No era la primera vez que veía algo así, ni mucho menos, por parte de él y sus estúpidos amigos, pero aún así seguía cayendo cada fin de semana que su amiga la pedía que la acompañara para no ser la única chica.Lo que vió sí que era nuevo: alguien le había rajado la cara a su novio. Un corte de unos cuatro centímetros en la mejilla izquierda. Y a pesar de verse bastante profunda y dolorosa, parecía no afectarle lo más mínimo -es más, ni siquiera tenía pinta de saber qué le había pasado- y no dejaba de gritar y señalar a algún lugar poco claro del camarote “¡te voy a matar hijo de puta! ¡Estás muerto, ¿te enteras?!”. Siempre había supuesto que esto pasaría algún día, pero tenía la esperanza de que ella ya no estaría ahí cuando ocurriera.
-¡Clara! -Mónica llevaba un rato llamándola-. ¿Qué coño haces ahí parada? ¡Vamos, joder!
-¿Eh? Ah, sí, sí. -Aunque comprendía el porqué su amiga esta tan asustada no compartía en absoluto esa sensación.

Mientras subían las escaleras que llevaban a la salida, donde se estaban llevando a Roberto, se cruzaron con otro chico al que los de seguridad tenían cogido pero que sin embargo no estaban echando.
-¿Es amigo vuestro?
Tanto a Clara como a Mónica les costó un segundo reconocer a Iván, que las miraba con una sonrisa.
-Es mi novio, Iván -contestó Clara con bastante dejadez.
-Pues le han jodido bien ahí dentro.
-¿Tú sabes qué ha pasado? -preguntó Mónica como una histérica.
-Claro -. Según se iban acercando las chicas vieron que su cara también estaba llena de moratones recientes.- Pero será mejor que os lo cuente él mismo, no vaya a ser que yo me equivoque…
-Vete a… -Mónica empezó a hablar encarándose a Iván, pero rápidamente le interrumpió el de seguridad.
-Venga, ya, largaos de aquí.
Mónica se marchó rápida, pero Clara se quedó mirando a Iván. Se conocían desde hacía años y aunque se llevaban bien nunca se habían considerado más que simples compañeros de clase.
-¿Tú estás bien? – Se sorprendió a sí mismo preguntándole.
-Sí, no he sido yo el peor parado.
Seguía sin comprender cómo era posible que estuviera tan risueño. Parecía que le acababan de pegar una paliza, y todo hacía indicar que era él el que le había abierto la mejilla a su novio, y, sin embargo, ahí estaba, tan tranquilo.
-Ya, claro… -¿Qué más podía decir?

~ por Dan Lorba en 13 septiembre, 2011.

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