Cuento (47.1)

He de decir que nunca he dormido ni bien ni mucho. Ya de pequeño apenas dormía una pequeña siesta a cualquier hora y después ya me pasaba en pie todo el día, corriendo y saltando por todos lados. Pero nunca le di importancia. No al menos hasta que tenía dieciséis y tuve mi primera semana de insomnio. Fue mi madre la que me obligó a ir al médico. Y, obviamente, no me dijo demasiado: que si era cosa del stress, que si tenía que relajarme, y que no iba a darme nada para dormir. Que probara con una tila o algo así rollo naturista. Como podréis imaginar, no hice ni puto caso. Y, cosas del destino (o como lo quieras llamar), al día siguiente conseguí volver a dormir. No demasiado, pero lo suficiente para levantarme como nuevo.

Y así siguió mi vida durante cinco años. A veces con más noches de insomnio, otras con ninguna, y otras incluso durmiendo ocho horas (esa noche fue en realidad mi récord, pero ya me entendéis). Hasta hace tres semanas.

Llevo tres semanas sin poder dormir nada. Bueno, en todo este tiempo he dormido alrededor de tres horas. Hace ya días que empezaron las paranoias y las alucinaciones.

~ por Dan Lorba en 13 noviembre, 2011.

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